domingo, 2 de octubre de 2011

Esperanza


El ritmo de las hojas del calendario no se detiene, el ahora lento transcurrir de los días se contradice con la perspectiva global del paso del tiempo y sin embargo, a pesar de que hace ya dos años que aquellas palabras sonaron por última vez, son muchas las veces en que aún resuenan en mi mente. No existe el tacto de sus manos, ni el olor de su piel, ni la dulce mirada de sus ojos, nada de todo aquello existe, pertenece a una realidad virtual en la que me hallo inmerso como sumergido en un bucle infinito del cual no soy capaz de salir.

No sé el daño que pude hacerte, pero sí sé el daño que me estoy haciendo, y aunque no sé ni cuándo ni cómo, pero lo conseguiré.

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